Cierto,
no estoy siendo lo prolífico que me gustaría. Después de más de dos meses, aquí
está mi segundo post. Tal y como comencé este blog, cualquiera, yo el
primero, hubiera pensado que aquí sólo había espacio para hablar de política y economía.
Pero este texto trata sobre cómo uno, sin querer, acaba encontrando lo que
necesitaba justo cuando lo deja de buscar.
Lo que he
encontrado se llama Allelujah! Don't Bend!
Ascend!, el disco que la banda canadiense Godspeed You! Black Emperor ha
publicado tras doce años de silencio. Para mucha gente el lanzamiento de este
álbum será un acontecimiento, puesto que Godspeed es una banda que entre los
años 1994 y 2002, publicó cinco impecables discos, con una propuesta
grandilocuente, que trasciende el concepto de disco de pop/rock tradicional
para ofrecer propuestas de escucha abierta y exigente. Con pasajes (difícil
llamarlas canciones, a veces) de hasta media hora de duración, que rompen con
el prototipo de canción pop. Su propuesta se hace aún más arriesgada cuando uno
se acerca a ellos en sus ediciones en vinilo, puesto que no ofrecen ninguna
pista de cuál es el orden de escucha de la obra: existen títulos de cada
pasaje, pero la etiqueta de cada cara del disco no permite saber cuál es la
cara A o la B, ni aparecen los nombres de las pistas en éstas.
El
caso es que siempre fue una banda que resonó en mis oídos, me fui comprando
algún disco, pero no generé ningún tipo de pasión por ellos. Supongo que no
entraron en mi vida en el momento oportuno. Con todo esto, aparece una fecha en
Madrid (30 de octubre) para su nueva gira y cierta gente de cuyo criterio me
fío, me recomienda el concierto. Yo me lo pienso, lo anoto y lo meto en mi
lista de “yaverés”, hasta que aparece un twitt en mi TL que enlaza directamente
a la escucha de su último disco, mencionado anteriormente. Entonces todo
adquiere una nueva perspectiva y el concierto se convierte en prioridad.
Con
tan sólo cuatro canciones, el disco se convierte en una obra inmensa. Si habéis
prestado atención a lo que he dicho antes, llegados a este punto podréis
imaginar que estas cuatro canciones bastan y sobran para ofrecer más de 50
minutos de escucha intensa, capaz de dejar exhausto al oyente más paciente. No
se trata de una obra fácil. Pero si logras escuchar los 20:17 minutazos de Mladic, primer corte del disco, lo que no
te va a dejar es indiferente y, con un poco de suerte, con ganas de más… Eso
sí, tal vez después de un descanso.
Mladic
es una canción intensa, profunda y oscura, con un constante tempo creciente y
que tira de ti hasta puntos donde tal vez te crees incapaz de llegar. Aparece
de la nada, con notas constantes, reverberaciones, cuerdas, distorsiones y
pizzicatos que recuerdan a pequeños diablos juguetones pellizcando tus oídos
provocándote malévolas cosquillas estereofónicas (¡toma ya!). Aparecen entonces
notas esperanzadoras que rompen en un caos de pesadas guitarras y melodías
trascendentes, guiándote hasta el definitivo tono épico de la canción, en donde
aparece lo más parecido a un estribillo que se va a escuchar en todo el disco. Un
estribillo que explota en un ritmo de tonos orientales, percusiones balcánicas,
redobles imposibles y acoples sonoros que llevan tus tímpanos al extremo. Todo
esto dejando espacio para la percusión oriental, casi bailable, gitana, en
donde los vientos son sustituidos por imposibles distorsiones sonoras y ritmos
de profundidad épica.
Hablar
de Mladic es casi como hablar del
disco entero (sin desmerecer uno sólo de los otros tres cortes) y por tanto,
igual de cansado y difícil de explicar; por eso os dejo aquí el disco y os
invito a juzgar por vosotros mismos. Yo ya tengo mi entrada…